Las preguntas asesinas: por qué tu estado emocional importa más que la técnica

Hay un momento en cualquier aula —da igual la edad, da igual el contexto— en que una pregunta mal hecha lo cambia todo, quizás no de forma dramática, pero sí de forma silenciosa. El alumno se cierra, aprende a responder lo que cree que quieres escuchar, aprende a no arriesgarse. Y tú te quedas sin saber por qué no hay participación real.

Qué pasa psicológicamente cuando una pregunta no es limpia

Cuando preguntamos desde el juicio, la prisa o la expectativa de una respuesta concreta, activamos en la otra persona mecanismos de defensa muy básicos. El sesgo de confirmación hace que inconscientemente busquemos la información que confirma lo que ya creemos, y eso viaja en cómo formulamos la pregunta, en el tono, en la mirada, en el silencio que dejamos o no dejamos después.

La transferencia emocional es real. No necesitamos decir nada explícito para que el alumno note que hay una respuesta correcta esperada. Lo nota en la entonación, en el tempo, en si el docente ya está asintiendo antes de que termine de hablar. Y cuando lo nota, deja de pensar y empieza a adivinar.

El resultado es el contrario de lo que buscamos, en vez de construir pensamiento propio, el alumno construye la respuesta que cree que va a funcionar. Eso no es aprendizaje, es supervivencia.

El concepto de preguntar limpio

Viene del coaching, y es uno de los principios que más he aplicado en mi trabajo con docentes, facilitadores, empresarios o deportistas. Preguntar limpio significa preguntar sin agenda oculta, sin la respuesta ya decidida, sin intención de pillar ni de demostrar nada. Solo desde la curiosidad real por lo que la otra persona piensa, siente o sabe.

No es fácil, exige un trabajo previo que tiene más que ver con el autoconocimiento que con la técnica. Saber qué te incomoda de esa persona o de ese grupo, saber cuándo estás proyectando, saber cuándo preguntas para escuchar y cuándo preguntas para confirmar.

Se entrena. Y cuando empieza a salir solo, transforma la dinámica de un aula, conferencia o empresa.

El silencio como herramienta

Uno de los errores más comunes después de preguntar es no aguantar el silencio. Nos incomoda, lo rellenamos, reformulamos la pregunta, damos pistas o, incluso, respondemos nosotros mismos. Y con eso anulamos todo el trabajo de la pregunta.

El silencio después de una pregunta es información. Puede significar que la persona está pensando, y eso es exactamente lo que queremos, puede significar que no sabe, y eso también es información valiosa o puede significar que no se siente segura para responder, y eso nos dice algo sobre el entorno que hemos construido.

Sostener el silencio es una de las habilidades más difíciles y más útiles en facilitación. Cuando la persona que tienes delante siente que tienes tiempo para escucharla, cambia el ritmo del espacio.

La pregunta como constructor de entorno

Una pregunta no es solo un momento, es una declaración sobre el tipo de relación que tienes con quien aprende. Si preguntas para pillar, estás diciéndole al grupo que este es un espacio de control. Si preguntas desde la curiosidad, estás diciéndole que es un espacio seguro para pensar en voz alta.

Ese entorno no se construye en una sesión, se construye pregunta a pregunta, sesión a sesión. Y se destruye igual de rápido con una sola pregunta que va a buscar al culpable o que deja en evidencia a alguien delante de los demás.

El chequeo antes de preguntar

No es un protocolo rígido. Con el tiempo sale solo, pero al principio hay que trabajarlo conscientemente.

¿Para qué quiero preguntar esto? Si la respuesta no es clara o limpia, espero. Porque igual hay algo de la situación o del alumno/a que me incomoda y ahí puedo estar liándola mucho.

¿Cómo estoy yo ahora mismo? ¿Con prisa? ¿Con el juicio ya formado? Ojo, que esto viaja en la pregunta, siempre.

¿Tengo prejuicios sobre esta persona o este grupo? Si los tengo, primero me los trabajo a mí. Todos tenemos las cejas puestas de una manera distinta.

¿Estoy dispuesta a escuchar cualquier respuesta? También el silencio. Especialmente el silencio, que chilla e informa muchísimo.

Y si pregunto, después me callo. Si no doy espacio para la respuesta, no tiene sentido la pregunta.

Preguntar bien no es un talento. Es una decisión. La de querer escuchar de verdad.

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