
La semana pasada leí un artículo de Félix Ortega que habla del escalón estructural que está desapareciendo en muchos procesos de aprendizaje, por un mal uso de la IA en el inicio de los procesos de diseño.
Podríamos extrapolarlo a cualquier disciplina, ingeniería, humanidades, tecnología, deporte, etc. Todas las disciplinas necesitan una base, un andamiaje robusto que permita que la casa o el proyecto no se caiga, que tenga sentido a largo plazo, con el que se pueda profundizar e iterar las veces que sea para mejorar.
Lo mismo pasa con el aprendizaje a largo plazo, es la repetición, la comprensión, la comunicación adaptada, el error, la frustración y la búsqueda de soluciones usando las herramientas que tienes ahora mismo en tu experiencia, conocimiento y cerebro, las que hacen que poco a poco vayas construyendo tu propio aprendizaje, pero no solo eso, son las que hacen que vayas conformando tu autenticidad, esa voz y esencia que es tuya y solo tuya.
Tengo la sensación de que si no paramos un poco el ritmo para poder saborear cada coma que escribamos, será muy difícil que en unos años tengamos a personas capaces de crear una estrategia adaptada a un problema concreto sin recurrir a lo que una máquina les aconseja. Félix habla de la desaparición de la hoja en blanco, de los gatitos que morirán por esa desaparición (añado yo). ¿Reconoces ese momento en el que tu mente tiene todas las ideas clave detectadas pero desordenadas? Ese en el que sabes que te vas a lanzar a escribir, a mano con un mapa mental, en la pizarra, en el bloc de notas del ordenador, donde sea… Y piensas, “vamos allá”, y escupes todo lo que llevas pensando desde que te encargaron ese proyecto. Todo es algo caótico pero a medida que vas avanzando va cogiendo forma, tu mente se llena de “ahaaas…” y reconoce el camino por el que quiere continuar.
Todos esos pasos que das hasta conseguir armar una estrategia, un andamiaje que habla de ti, de tu esencia, de tu autenticidad para resolver el problema que te han propuesto resolver. Ese momento en el que consigues que la hoja en blanco sea un gran garabato lleno de sentido, donde ya tienes la solución, basada en tu experiencia, con tus colores y pulsaciones.
Usas este proceso porque te apetece, lo haces de esta forma porque te estimula y te reta, es un esqueleto que te sirve como primer paso para indagar y expandir gracias a la IA (discusiones incluidas… es maja, pero a veces dice cosas sin sentido).
Imagina ahora que eres un o una junior (o adolescente universitario) y todo este proceso creativo te lo cargas y le pides a una máquina que te diga cómo resolvería ese problema, mal fatal 🤷♀️
Una vez escuché a alguien decir que la clave para poder romper un proceso establecido es conocerlo mucho, una vez te lo sabes y lo has aplicado n mil veces, ya puedes romperlo y hacerlo tuyo. Pero saltarse la parte de conocer el proceso en el que nuestro cerebro es creativo, aprende y resuelve problemas, es… eso, un problemón de categoría mundial.
Como profesionales de la educación, debemos repensar la manera en la que conseguimos estimular esa neurona tan poderosa que tienen las “nuevas” generaciones, es más poderosa que la nuestra porque llevan los 0’s y 1’s como una extensión de su mano/cerebro. Tienen una lógica para la resolución de problemas que no podemos tener nosotros ahora, al menos no tanto. Es nuestra responsabilidad ponernos en sus zapatos para saber cómo estimular esos espacios de práctica de, para ellos, la antigua manera de aprender, esa que te hace pensar, estar incómodo y avanzar a pasitos.
Estoy enamorada de un libro de Carl Honoré, “Elogio de la lentitud”, mira que tiene años… Que esto de ir demasiado rápido ya lleva años chillando, pero, ¿qué tal si los que nos estamos dando cuenta paramos y jugamos a crear espacios donde la rapidez y la lentitud vayan de la mano? ¿Qué tal si provocamos espacios de hojas en blanco para una generación que jamás las va a entender igual que nosotros?
Debemos facilitar la creación de estos andamiajes o primeros escalones, los cimientos de cada proceso que estemos transmitiendo, debemos darles el tiempo y el espacio suficientes como para que a nuestros alumnos les apetezca parar, observar, curiosear y comprender.
Otro retazo maravilloso…
Gracias Félix por ese artículo e imagen, te la he tomado prestada para pensar otra forma de representarla ☺️


